embarazo padreEl embarazo del primer hijo ha sido ampliamente estudiado desde la perspectiva materna. La importancia del rol que asume la mujer en este proceso es evidente y esencial para el buen desarrollo del embarazo. Sin embargo, si bien se han llevado a cabo numerosos estudios empíricos sobre las madres, en este momento vital, poco se ha estudiado sobre la vivencia del hombre, futuro padre, en este periodo.

Una consulta realizada a una base de datos, Psyclit (1996-2002) demuestra este hecho en términos numéricos, que existe:
– De 3435 artículos donde el tema principal es la madre, 225 abordan la relación madre-bebé.
– De 949 artículos referentes al padre como tema principal, sólo 58 tocan la relación padre-bebé.
Los números también son significativos con respecto al embarazo, de 1024 artículos sobre el embarazo y la madre, sólo el 18% mencionan al futuro padre.

Estos datos llevan a pensar que, en cierta forma, el padre se encuentra en un lugar “periférico”, menos valorado que la madre. Aunque la demanda paterna sea menor en este momento, el embarazo también produce en el padre una serie de procesos psicológicos que influyen tanto en su relación de pareja como en el vínculo que establecerá con su hijo.

Sin embargo, es importante considerar que el embarazo no siempre tuvo ese impacto y significado para el futuro padre. La forma en la que el padre ha vivido el embarazo ha venido modificándose a la largo del tiempo. En términos históricos, podemos considerar que, hasta hace poco tiempo, el embarazo era visto como una “labor esencialmente femenina”. Los futuros padres no tenían mucho que hacer hasta el día del nacimiento de sus hijos.

Hoy en día muchos aspectos de han modificado en las relaciones humanas en las distintas etapas del ciclo de la vida. En el embarazo, por ejemplo, la ecografía contribuyó a la participación más activa de los futuros padres. Los futuros padres tienden a sentirse más responsables en los cuidados con la mujer embarazada y el bebé a partir de la visualización de las imágenes en la ecografía, que dan al hijo una existencia real, no imaginaria. Sin embargo, a pesar que actualmente los hombres participan más de los cuidados relacionados con el embarazo de su mujer, la mayoría no tuvieron modelos de “padres participantes” en sus familias de origen.

En el intento de entender cómo el futuro padre vivencia el embarazo de su primer hijo (E. Borholdt y A. Wagner) , se entrevistó a unos futuros padres (los nombres son supuestos para guardar su anonimato) que estaban en una situación de espera del nacimiento del primogénito, desde la pregunta inicial:
“¿Cómo está siendo para ti este momento?”.

En general, se percibió que el momento de la gestación les remitió a antiguos recuerdos, al tiempo que los impulsó hacia la construcción de proyectos futuros, que según T.S.Elliot: “el tiempo presente y el tiempo pasado tal vez estén, ambos, presentes en el tiempo futuro, y el tiempo futuro contenido en el tiempo pasado.”

Las experiencias descritas lo demuestran:

Andrés de 31 años, casado con Ester (23 años) desde hace tres años, y ésta está embarazada de cuatro meses en el momento de la entrevista.
Andrés relató que se trataba de un embarazo muy deseado, sin embargo, ante el descubrimiento de ser padre, se describió como indiferente. Su respuesta ante el embarazo parecer haber molestado a su esposa, que lo culpó de no estar suficientemente implicado con el proceso de gestación. El se defendió de esta acusación justificando su actitud. Le explicó que vivió en una familia grande, con muchos hermanos y sobrinos, que sus padres son mayores que los padres de Ester y que por ello el nacimiento de los niños en su familia no era un acontecimiento nuevo, como en la familia de ella. En la familia de origen de Andrés, el futuro bebé será un niño más entre muchos. Por lo tanto, el hijo no es percibido por él como una novedad.
En este caso quedó claro el conflicto que puede surgir en el proceso de gestación cuando los miembros de la pareja y de la familia asumen roles y actitudes diferentes e inclusive discrepantes ante la noticia del embarazo. La comprensión dentro de las vivencias con sus respectivas familias de origen es fundamental para superar esta etapa.

Bernardo (27 años) estaba casado hacía un año con María (24 años) cuando descubrió esta que estaba embarazada. En el momento de la entrevista estaban en el noveno mes de embarazo.
Bernardo relató que el embarazo fue una sorpresa para la pareja, y que a pesar del “sustó”, él lo festejó. Se sintió padre desde que supo la noticia del embarazo, acompañando así a María durante la gestación, buscando los resultados del análisis y participando en las ecografías.
Esta proximidad con su esposa y el futuro bebé remonta a experiencias de cuando era niño. Es posible pensar hipotéticamente, que los buenos recuerdos de su infancia y el buen vínculo que describió con su padre le facilitó el vincularse a su bebé antes del nacimiento.

Carlos (34 años) y Andrea (30 años), llevan una relación de tres años casados y con un embarazo de ocho meses deseado por ambos.
Carlos vive intensamente el embarazo junto a su esposa, porque el deseo de ser un padre participativo es antiguo. La espera del primer hijo hace que recuerde con añoranza los juegos y gestos de compañerismo con su padre. Entre tanto, el padre murió cuando éste estaba en la adolescencia, y su muerte precedió la ruptura que tuvo con la familia. Estos hechos justificaron para Carlos el uso prolongado de las drogas. Describe la educación recibida por su madre de distante y lo explica basándose en la relación establecida en su familia desde hacía dos generaciones. Según su percepción, en la familia de la madre sus abuelos maternos eran extremadamente rígidos con sus hijos. Así para contraponerse en cierto modo, la madre suministró una “educación libre” a la familia que construyó.
Sus recuerdos de soledad retornan en el momento actual describiendo la posibilidad de rescatar una cercanía que no pudo vivir con su padre, debido a su fallecimiento, ni con su madre debido a sus características personales. El hijo representa para Carlos la posibilidad de construir un vínculo de intimidad y proximidad que él echó de menos es su propia historia.

Daniel de 31 años y Teresa de 35 años, vivían juntos desde hace seis años cuando quedó embarazada. En el momento de la entrevista estaban de siete meses de embarazo.
Daniel está contento con la llegada del hijo, y relata que el embarazo modificó la relación de pareja. En este momento, el siente que necesita, como hombre, desempeñar la función de dar apoyo incondicional a su esposa. La necesidad de mostrarse fuerte frente a la esposa por encima de sus propias inseguridades con relación al embarazo. Sus preocupaciones del futuro van desde la salud del bebé hasta el mundo al que se enfrentará cuando sea mayor.
Quiere transmitirle a su hijo las enseñanzas que recibió de su padre, y así repetir la buena educación que tuvo. Uno de sus mayores deseos es lograr re-escribir su historia, teniendo como modelo la educación paterna.

Eduardo (34 años), casado con Elena (27 años) desde hace cinco. En el momento de la entrevista Elena estaba en el octavo mes de embarazo.
Para Eduardo, el aumento de familia ocurrió más rápido de lo esperado, y fue conmemorado con sobresalto y mucha emoción. Las familias de origen de ambos se hicieron muy presentes, conviviendo armoniosamente con la pareja. El hijo contribuyó con la aproximación familiar y para la estabilidad conyugal, evidenciando también el comienzo de la vinculación del padre con el hijo desde el proceso de gestación.
Este inicio del vínculo con el hijo, reaviva en Eduardo situaciones de riesgo como la práctica deportiva de las carreras de automóviles. Sus recuerdos causan temor por la posibilidad de repetirse, así que espera que el hijo pueda cuidar más de su vida, y no vivirla peligrosamente como ha sido su caso.

CONCLUSIONES

El fenómeno del embarazo desde la perspectiva paterna se mostró bastante complejo en lo que se refiere a los aspectos personales, conyugales y vivencias pasadas. Independientemente de la planificación del embarazo, todos se mostraron capaces de imaginar a su hijo, así como de hacer planes futuros, y a su vez también pasan a remontarse hacia su propia historia.

En este proceso, la adolescencia ha sido citada como la etapa más conflictiva de su vida. Los que tuvieron una adolescencia turbulenta o traumática, temen esa etapa de desarrollo del hijo. Este hecho nos lleva a pensar que las experiencias vividas como problemáticas se expresa en los sujetos en una actitud de mayor cautela, e incluso de temor, como en el caso de Carlos por las drogas, o en de Eduardo por vivir peligrosamente: “mi adrenalina era la velocidad”. El hecho de recordar vivencias dolorosas despertó en los sujetos el deseo de no repetición de éstas con sus hijos.

En los cinco casos la importancia de las vivencias con sus familias de origen es un fenómeno inevitable y de gran valor explicativo de muchos comportamientos que emergen en esta etapa del desarrollo vital. La educación y las experiencias adquiridas en la familia de origen fueron una referencia fundamental, tanto para sentirse apoyados en los modelos recibidos como para idealizar condiciones mejores para sus hijos.

Estos casos son ilustrativos y, con seguridad, no abarcan todas las vivencias posibles de los futuros padres primogénitos. La realidad, por ser multiplural, no permite un modelo de “padre típico”, pero los entrevistados mostraron un asunto en común: el pasado matizando la experiencia actual, en la pregunta “¿de tal palo, tal astilla?”

* Basado en el artículo “El embarazo desde la perspectiva paterna: aspectos relativos la transgeneracionalidad” de E. Bornholt y A. Wagner